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jueves, 21 de septiembre de 2017

Por una paz duradera y sostenible.

Por Julián D’Angelo
Coordinador Ejecutivo
Centro de Responsabilidad Social y Capital Social (UBA)

Cada 21 de septiembre, desde hace dieciséis años, se celebra en todo el mundo el Día Internacional de la Paz. Esta fecha fue instaurada por Naciones Unidas con el objeto de conmemorar y fortalecer los ideales de paz en cada nación y cada pueblo, y coincide con los días en donde sesiona anualmente su Asamblea General.
La frase elegida para la celebración de la paz en esta ocasión es «Juntos por la paz: Respeto, seguridad y dignidad para todos», en sintonía con la iniciativa mundial “JUNTOS”, que promueve que las personas que se han visto obligadas a migrar en busca de una vida mejor, puedan vivir dignamente en un marco de respeto y seguridad. Esta iniciativa fue lanzada hace justo un año, el 19 de septiembre de 2016, durante la importante Cumbre de la ONU para Refugiados y Migrantes, para apoyar la diversidad, la no discriminación y la aceptación de los refugiados y migrantes.
Es por ello que este año, el Día Internacional de la Paz se centrará en movilizar a la ciudadanía mundial para generar conciencia alrededor de la problemática de la migración y hacer público el apoyo a los refugiados.
En lo que va de este 2017, más de 2600 migrantes perdieron su vida en el mar Mediterráneo y 231 lo hicieron en la frontera entre México y Estados Unidos. Se calcula que, al menos, unas 50.000 personas fallecieron en los últimos veinte años tratando de cruzar fronteras internacionales. 
Existe en diversos países una tendencia cada vez más notoria al levantamiento de muros y vallas en respuesta a los grandes desplazamientos de migrantes, a quienes se los empieza a tratar con mayor frecuencia como delincuentes. En todo el mundo, actualmente se cuentan más de 50 muros o vallas fronterizas, pero la realidad ha demostrado que no solo son ineficaces, sino que además degradan al ser humano, ponen en riesgo sus vidas y favorecen las redes de trata y las mafias.
Esta política de muros y represión no hace otra cosa que agudizar la xenofobia y la hostilidad contra los migrantes y contradecir claramente una de las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenibles aprobados por Naciones Unidas en septiembre de 2015, que promueve la cooperación internacional para “facilitar la migración y la movilidad ordenadas, seguras, regulares y responsables de las personas”.
Precisamente esta es la segunda Asamblea General de Naciones Unidas, y la segunda celebración del Día Internacional de la Paz, luego de la importante aprobación en 2015 de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, que instauraron la Agenda 2030, y del Acuerdo del Clima de París.
Una Asamblea que, contrariamente a esta celebración, vuelve a estar signada por los conflictos y la violencia, dominada por la escalada nuclear de Corea del Norte, la crisis en Venezuela, el acuerdo nuclear con Irán y la situación de la minoría musulmana rohingya en Myanmar.
Pero, a pesar de los importantes logros en materia de paz y el gran rol que las Naciones Unidas vienen cumpliendo en este tema, resulta alarmante que el Índice de Paz Mundial, elaborado por el Institute for Economics and Peace, junto a un panel internacional de expertos, haya registrado un deterioro del 2,14% entre 2008 y 2017. Mientras que el 48% de los países mejoraron, el 52% empeoraron. Este índice mide los niveles de paz en relación con la seguridad social, el conflicto interno e internacional y el grado de militarización de las naciones.

Cuanto nos falta recorrer a la humanidad, a pesar del importante trayecto caminado, para lograr esa paz duradera y sostenible que nos eleve como especie sobre esta tierra.

lunes, 13 de marzo de 2017

Fortalecer el compromiso empresario por la igualdad de género.

Desde sus orígenes, hace unos 107 años, la celebración del Día Internacional de la Mujer estuvo relacionada a la lucha por la igualdad económica en el mundo del trabajo.
El 8 de marzo fue proclamado por primera vez como Día Internacional de la Mujer Trabajadora, en el año 1910.
Existe desde hace varios años una preocupación mundial por incrementar la participación plena y efectiva de las mujeres y, hoy en día, todas las iniciativas de responsabilidad social empresaria incluyen metas para la promoción de la igualdad de oportunidades.
Fue éste uno de los ocho Objetivos del Milenio de Naciones Unidas, y ahora también se encuentra entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible hacia el 2030. Asimismo el Pacto Global de Naciones Unidas o la Norma ISO 26000 de RSE se ocupan también de este desafío.
Pero, a pesar de que más del 60% de los responsables de las áreas de RSE en las empresas argentinas son mujeres, la igualdad de género no es un tema que haya sido asumido totalmente.
La mayor parte de las mejores prácticas en RSE tienen que ver con la maternidad y la familia y la posibilidad de que durante su jornada laboral hagan actividad física y cuiden su cuerpo y estética.
No son demasiado innovadoras y apuntan básicamente a la trabajadora en su rol de madre, otorgándole beneficios como licencias más extensas, jornada laboral reducida, trabajo compartido, el retorno laboral progresivo luego de la maternidad y guarderías o jardines maternales en planta.
Pocas empresas deciden encarar políticas activas que confronten el “techo de cristal”, esa norma no escrita que impide que la mujer acceda a los cargos de conducción en las empresas, o que eliminen la brecha salarial existente con los trabajadores varones, por igual función y dedicación.
Se calcula que sólo el 9% de los CEO de las empresas del mundo son mujeres. Pero en Argentina ese número se reduce a tan sólo el 2%, según cifras de la CEPAL. La Argentina es el país con menor representación femenina en los directorios empresarios de toda la región. Países como Uruguay o Colombia tienen una representación femenina diez veces superior a la nuestra.
Y con respecto a la brecha salarial, también tenemos una de la más altas de la región: en Argentina las mujeres ganan el 27% menos que los varones.
Las mujeres hacen contribuciones a las economías locales en cifras que superan los billones de dólares. Pero a pesar de ello, todavía ocupan mayoritariamente los empleos más inestables y de menor remuneración. En América Latina, se calcula que de las 100 millones de mujeres que trabajan, 50 millones lo hacen en la informalidad.
Naciones Unidas sostiene que, al ritmo actual, superar la brecha salarial de género tomará unos 70 años. El Informe Global de la Brecha de Género 2016 del Foro Económico Mundial indica que los avances hacia la igualdad se detuvieron y que la brecha actual es la mayor desde 2008.
Por ello asume una gran importancia el lema elegido este año para la celebración del Día Internacional de la Mujer: “Las mujeres en un mundo laboral en transformación: hacia un planeta 50-50 en 2030”.
Y para alcanzar esas metas, no alcanza solo con las políticas públicas y la lucha de las organizaciones sociales. Necesitamos un mayor compromiso del mundo del trabajo.
Para alentar al sector privado a promover esta igualdad, ONU Mujeres y el Pacto Global de Naciones Unidas lanzaron los Principios para la Igualdad de Género, que ya fueron rubricados por más de 1000 empresas en el mundo.

En Argentina necesitamos también fortalecer un compromiso de las empresas por la igualdad de género, que priorice la eliminación de la brecha salarial y promueva el liderazgo femenino en los puestos directivos.

lunes, 26 de diciembre de 2016

Cambio Climático: A pesar de Trump.

¿Que pasa con la lucha contra el cambio climático luego del triunfo de Trump en USA? Cuales son sus primeras medidas y como reaccionarán los países firmantes del Acuerdo del Clima de París. Sobre esto escribí para el Diario Perfil el sábado 24 de diciembre. 🌎🌳♻️



Cambio Climático
A pesar de Trump

Por el Lic. Julián D’Angelo
Coordinador Ejecutivo
Centro Nacional de Responsabilidad Social y Capital Social (UBA)


Dentro del menú de propuestas populistas de la campaña del candidato a Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, estaba la negación del Cambio Climático y el rechazo al Acuerdo sobre el Clima alcanzado por 195 países en diciembre del año pasado en París.
Trump llegó incluso a sostener que el cambio climático era una “farsa” propagada por China para perjudicar a Estados Unidos y una vez electo Presidente se mostró tristemente coherente con esta posición.
Así, ya anunció la eliminación de las regulaciones ambientales para impulsar la industria del carbón y el gas, dos de las mayores responsables de la emisión de gases de efecto invernadero (GEI). Como también propuso la derogación del Plan de Energía Limpia de Obama, y hasta la posible renuncia al Acuerdo de París.
El poderoso lobby de las industrias del petróleo y el carbón se evidenció asimismo en la conformación del Gabinete.
Designó como Secretario de Energía a Rick Perry, que fue Gobernador de Texas, estado rico en petróleo. Y acaba de proponer como Secretario de Estado a Rex Tillerson, el Jefe del grupo petrolero Exxon Mobil.
Pero la designación más controvertida fue la de Scott Pruitt, un fiscal de Oklahoma escéptico del cambio climático y con fuertes vínculos con empresas petroleras, al frente de la Agencia de Protección Ambiental. En el pasado, empresarios petroleros y de energía habían aportado a sus campañas para la Fiscalía, y en 2011 desde allí acusó a la Agencia de Protección Ambiental de exagerar la relación entre la contaminación del ambiente y la explotación de los yacimientos gasíferos.
Hasta la propia biografía oficial de Pruitt destaca su papel como un “líder en la defensa contra el activismo de la EPA’’.
Afortunadamente frente a esto, en los últimos días hubo tres señales muy positivas de la comunidad internacional, la corporación científica y del sector empresarial.
Días después del triunfo de Trump, se desarrolló la Cumbre del Clima de Naciones Unidas en Marruecos donde se exhibió un apoyo rotundo y la plena disposición de los máximos líderes mundiales a emprender acciones sobre el Acuerdo de París. El mensaje fue muy claro: no importa lo que diga o haga Trump, no hay marcha atrás en la lucha contra el cambio climático.
Por el lado de la comunidad científica, 800 investigadores le enviaron una carta a Trump para que no dé la espalda a la lucha contra el calentamiento global y permanezca en el Acuerdo de París.
Y desde el lado empresarial, un grupo de conocidos multimillonarios acaba de lanzar un fondo para financiar iniciativas de producción de fuentes de energía renovables. Este Fondo cuenta entre sus inversores a Bill Gates, (Microsoft), Jeff Bezos (Amazon), George Soros, Richard Branson (Virgin) y Mark Zuckerberg (Facebook).
Así, Trump deberá elegir entre el poderoso, pero minoritario, lobby de las industrias petroleras y el apabullante consenso internacional en materia de un calentamiento global cada vez más evidente e inocultable.
La comunidad científica había empezado a advertir los efectos nocivos de la actividad industrial sobre el clima hace más de 40 años. A pesar de eso en los últimos 25 se generaron la mitad de las emisiones de GEI, cuando ya los gobiernos y empresas estaban conscientes del daño que generaban. Y hace ya 10 años que el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático recibió el Premio Nobel de la Paz por sus importantes aportes en la materia.
Por eso, así como, lamentablemente, no hay marcha atrás con el daño generado al planeta en los últimos ciento cincuenta años por los gases de efecto invernadero, tampoco podrá haber marcha atrás en los consensos alcanzados para combatirlo y mitigarlo.